No hay una sola forma de rejuvenecer una cara. Te contamos cómo la Dra. Analía Espiña combina ácido hialurónico, bioestimuladores y toxina botulínica según lo que cada paciente realmente necesita — no según una fórmula única.
Cuando alguien llega a la consulta pidiendo "verse mejor", la primera pregunta no es qué tratamiento hacer, sino qué está pasando en esa piel puntual. En Espina Medical y en el consultorio AE Estética partimos de esa misma lógica médico-científica: la estética no es un molde, es un diagnóstico.
Volumen perdido → ácido hialurónico. Cuando el problema es pérdida de soporte (pómulos, surcos nasogenianos, mentón), el ácido hialurónico repone estructura sin cambiar la fisonomía — el objetivo de la Armonización Facial es sumar frescura, no otra cara.
Piel cansada o sin firmeza → bioestimuladores. Ahí entran Mesoterapia Francesa, Harmonyca o Radiesse: no rellenan, activan la producción de colágeno propio. Es la diferencia entre "tapar" una arruga y trabajar la calidad de la piel de fondo.
Líneas de expresión y tensión muscular → toxina botulínica. Frente, entrecejo, contorno de ojos, pero también un uso menos conocido: el músculo masetero, para aliviar el dolor mandibular de quienes aprietan los dientes de noche.
Ninguno de estos tres caminos reemplaza a los otros — muchas veces se combinan en un mismo plan, escalonado en el tiempo. Por eso la primera consulta importa tanto como el tratamiento en sí.
¿Con cuál de los tres arrancarías vos? Escribinos y lo charlamos.